Los sufrimientos de Caperucita

De ello da crédito una niña muy conocida por nosotros a la que cariñosamente todos llamamos Caperucita Roja, de espíritu alegre y mirada vivaz, vivía con su madre en una casita que se levantaba en la ladera del bosque.

La madre de la niña horneaba deliciosos panecillos, los que acostumbraba enviar con la pequeña a la abuelita, que vivía al otro lado de la arboleda.

Una mañana recibió Caperucita la encomienda y marchó por el sendero silvestre, no sin antes escuchar una y otra vez las advertencias de su madre, quien la puso al tanto de los peligros del bosque hablándole, en particular, del lobo feroz, especializado en engañar a niñas desprevenidas y curiosas, juguetonas y soñadoras como ella; para después, inmisericorde mente, saborearlas entre sus fauces. Pero Ah!, estas niñas distraídas como Caperucita, que no siguen las recomendaciones de los adultos, terminan siempre sucumbiendo al peligro.

Ella partió por el sendero cantando y encantando con su gracia a las flores y a las mariposas, deteniéndose a la vera del camino para jugar con los animalitos y embriagarse con aromas montunos. De pronto, - como era de esperarse -, en uno de los recodos del camino apareció el lobo feroz, al cual Caperucita saludo sin sobresalto.

Este, cual si cumpliera los pérfidos designios de la profecía materna, conocedor de la curiosidad de la niña y su disposición al juego y al descubrimiento, le sugirió tomar otro camino por donde, aseguraba, encontraría las hermosas flores y los más lindos claros bosques. Cediendo a la tentación de la curiosidad – la misma que perdió a nuestros primeros padres y que constituye sin lugar a dudas el pecado original – Caperucita se fue por el trecho desconocido, deseosa de complacer con nuevas formas y colores la avidez de su sentido. El lobo, con risa socarrona, avanzó por un camino más corto hasta la casa de la abuelita, donde esperó a la niña acostado en el lecho de la anciana, haciéndose pasar por la vieja bondadosa. Según la versión que ha llegado a nuestros oídos, el lobo no logró consumar la fatal agresión, porque Caperucita fue salvada por un cazador que escuchó sus gritos de auxilio. Sabemos con total certeza, que desde entonces Caperucita prometió solemnemente no dejarse llevar nunca por la curiosidad y ser fiel a las enseñanzas de los adultos, admitiendo respetuosamente sus consejos.

Caperucita ahora mayor, memoriza ejemplarmente las lecciones escolares. Sabe mucho más que sus compañeras de los peligros de los peligros de la vida y recita sin error la clasificación de los vertebrados y la capitales de los países de Europa.

Pero la pobre Caperucita, que razona impecablemente cual si tuviera una larga experiencia, ha empezado a frecuentar el consultorio de un psicoanalista porque no acepta invitaciones a paseos, ni se atreve a salir sola, por temor a que se la coman los lobos. Desde que supo los peligros de explorar y fantasear, Caperucita no volvió a divertirse con las flores y redujo sensiblemente sus placeres. Además de las modestas gratificaciones que depara el deber cumplido, Caperucita no carga sino tristezas y según nos han contado, su pena se ha acrecentado desde que supo, por boca del analista, que desde años atrás la acompaña el deseo oculto de que el lobo la triture entre sus fauces.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hoy te recordé
hace algún tipo por fin decidi a hablarte
pasaron muchos meses antes de decidirme a hacerlo
demasiado tarde....
descubri que eras prohibida
tal vez desde siempre, desde antes de conocerte
ya eras mujer ajena para mi
comprendi que no debia de poner mis ojos en ti
traté de una y mil maneras de evitarlo...
me fue imposible
todo sucedio tan de repente
tu belleza
me impresiono
quede sin duda alguna prendado a tu persona
que mal habia hecho
tal vez por ti
tal vez por mi
cuando el corazon ama, ni la mas grande
de todas las barreras puede detener ese amor
te pienso a todas horas
te recuerdo a cada instante
eres la ilusion que mi alma llena de vida cada mañana
aveces... te escribo sin sentido
algunas otras con algun pretexto
siempre...
con el deseo de hacerte saber que no pierdo el interés por ti
y que me gustas y que me encantas...
y el solo hecho de saber que
tal vez... tal vez... tal vez....
algún dia podré llegar a ser quien esté a tu lado
me hace sentir que debo de ser una mejor persona
que tengo que demostrarme y demostrarle a todo mundo
pero sobre todo a ti
que puedo merecerte
que pudiera ser yo no solo el proximo,
no solo uno mas, si no el ultimo en tu vida
pero esto... tan solo lo pienso, cuando yo te pienso.